Cinco Curiosidades Pucelanas Para El Estreno De ‘voy A Pasármelo Bien’

Paco Heras, de los cines Broadway, coloca el cartel de la película./ ALBERTO MINGUEZA

Este viernes llega a las salas la película musical que, inspirada en las canciones de Hombres G, se ha rodado en Valladolid, con Raúl Arévalo y Dani Rovira

Valladolid, desde Fuente Dorada al José Zorrilla, de la Leyenda del Pisuerga a una carrera por Macías Picavea brilla desde hoy en la gran pantalla con el estreno en salas de ‘Voy a pasármelo bien’, la película musical –dirigida por David Serrano e interpretada por Raúl Arévalo y Dani Rovira– cuyos exteriores se han rodado casi exclusivamente por las calles pucelanas. A continuación, te contamos cinco curiosidades sobre cómo luce Valladolid en esta comedia romántica hilvanada con las canciones de Hombres G.

1. Una ciudad de 1989. La película cuenta la historia de David (y su pandilla de amigos) y de Layla. Se conocen a finales de los 80, cuando ambos tienen apenas 12 años, y se produce el flechazo. Pero la familia de ella se marcha pronto de Valladolid.Casi treinta años después, Layla regresa, convertida en una famosa directora de cine, para recibir el homenaje de la Seminci. Y se reencuentra con David. Esa parte de los adultos –con escenas en el estadio, San Benito o Teresa Gil– no ha requerido una especial ambientación. Pero, en la trama infantil, el equipo de la película ha tenido que ‘disfrazar’ Valladolid como si estuviéramos en 1989. Así, el espectador verá cómo los coches de la época circulan por la Plaza Mayor o Cadenas de San Gregorio (aún no peatonalizadas).Se cambiaron también las señales de tráfico y se pintaron los bordillos de blanco y rojo, como era habitual en esa época. Las calles (como Conde Ansúrez o la misma Plaza Mayor) se repoblaron con viejas cabinas telefónicas. Y se cambiaron los letreros de comercios (en Platerías o Macías Picavea), para adaptarse a los luminosos de la época (en peluquerías, tascas o videoclubes). El detalle está tan cuidado que, aunque en pantalla es imposible distinguirlo, en las cabinas telefónicas se pegaron carteles que anunciaban conciertos de bandas locales de ese 1989.

2. Las casas de los protagonistas. Cuenta David Serrano que cuando visitó con su hermana Valladolid, buscando ya localizaciones para la película, y descubrió la plaza del Viejo Coso, supo que ese espacio jugaría un papel fundamental. Allí viven las familias de David (el protagonista)y de su mejor amigo, Paco. El Viejo Coso brilla en varios momentos del filme.Cuando ya es adulto, David se ha mudado (solo) a un piso en la calle San Felipe, justo al lado de donde tiene su librería (Clares) y al lado de un quiosco en el que, de pequeño, robaba chucherías. Layla y su familia vivían en el pasadizo entre Torrecilla y el Museo de Escultura, antes de que se mudaran a México. Por cierto, que el Ford Fiesta blanco en el que Layla se monta en la calle San Ignacio es el mismo coche que se usó en el rodaje de ‘Sufre mamón’, la película de Hombres G en 1987.

3. Interiores. Las cámaras de la película han rodado en el interior de edificios emblemáticos de la ciudad. Así, hay escenas que transcurren sobre el césped del estadio José Zorrilla (uno de los amigos de infancia de David es el nuevo presidente del Pucela), en el salón principal del Círculo de Recreo o en la bombonera del Teatro Calderón, donde Layla recibe (y el galardón es idéntico al real) la Espiga de Honor de la Seminci.

4. El colegio. Aunque en los títulos de crédito figuran el García Quintana y el instituto Zorrilla, al final, el equipo de la película se decantó por un colegio ubicado en Guadalajara. Así que, el centro educativo que se ve en la pantalla (y por cuyos pasillos se canta ‘Suéltate el pelo’) no es pucelano, aunque la historia simule que es de aquí.

5. Los números musicales. Las calles se ven especialmente atractivas en los números musicales. Como en ‘Voy a pasármelo bien’ (Viejo Coso, Guadamacileros, Platerías, Fuente Dorada, Viana, Plaza Mayor), ‘Te quiero’ (plaza del Salvador)o el número final con ‘Dos imanes’, en la plaza de Fabio Nelli, con el Museo de Valladolid reconvertido en hotel de lujo.

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