Crítica De “el Hombre Que Vendió Su Piel”: Veneno En La Piel ★★☆☆☆

Dirección y guión: Kaouther Ben Hania. Intérpretes: Yahya Mahayni, Dea Liane, Koen de Bouw, Monica Bellucci, Husam Chadat, Rupert Wynne-James, Adrienne Mei Irving. Túnez, 2020. Duración: 104 minutos. Drama.

La crisis humanitaria de los refugiados sirios se mira en el espejo de la frívola comercialización de la identidad y el cuerpo por parte del mundo del arte contemporáneo en esta película que exprime el discurso político de su premisa sin ser capaz de articular con ella un relato coherente. El contrato fáustico que un inmigrante ilegal firma con un artista de postín –al que le faltan cuernos y cola para rematar su parecido con un Satán de papel couché– consiste en un tatuaje en la espalda del visado de Schengen que le convierte, al mismo tiempo, en mercancía que puede atravesar sin restricciones las fronteras de la Europa comunitaria y en víctima de una esclavitud que le priva de toda libertad individual, atado como está a su condición de objeto artístico. Alrededor de esa poderosa idea –inspirada en el caso real de la espalda de Tim Steiner, transformada en obra de arte por el belga Wim Delvoye– la tunecina Kaouther Ben Hania intenta articular, con muy poca fortuna, una historia de amor frustrada, una crónica de desarraigo geopolítico y una apresurada intriga terrorista como giro sorpresa, haciendo decenas de trampas por el camino y sucumbiendo a las inconsistencias narrativas que se deja imponer por su punto de partida. Ben Hania debería revisar una película como «Sinónimos», de Nadav Lapid, donde cuerpo, exilio y lenguaje discuten en un discurso que rechaza las obviedades en las que incurre este filme a la vez singular y subrayado.

Lo mejor: la dimensión política en la que el cuerpo se convierte en pasaporte a la libertad y celda

Lo peor: la subtrama amorosa que emana del conflicto principal y la falta de rigor narrativo

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