Fiasco Total: Woodstock ’99: La Docuserie Sobre El Festival Que Pretendía Revivir El Amor Y La Paz Pero Terminó En Desastre

Netflix sigue apostando a las series documentales, y aunque una gran mayoría se aboca al género true crime, cada tanto aparecen novedades que le escapan al policial y a los asesinos seriales.

El más reciente, Fiasco Total: Woodstock 99, aborda lo que sucedió en el festival de música -se llamó precisamente Woodstock 99- de tres días que pretendió revivir el espíritu de amor, paz y hippismo de 1969, pero terminó manchado por escenas de violencia inusitada y denuncias de abuso sexual.

A través de tres episodios -uno por cada día del evento- de poco más de 45 minutos, Fiasco total: Woodstock 99 maneja bien los climas y los tiempos para lograr un efecto similar al que se vivió en Rome, Nueva York, desde el 23 al 25 de julio de ese año: ir subiendo en intensidad hasta el estallido final.

La docuserie acude a videos de archivo, transmisiones oficiales y testimonios de todos los actores del evento que convocó a más de 350 mil personas para intentar explicar cómo se llega a una serie de circunstancias que no presagiaban un final feliz.

Lejos del espíritu original

“No podía estar más alejado del Woodstock original”, dice Scott, uno de los tantos que fue al encuentro con la idea de acampar creyendo que iba a ser un campo abierto “estilo Señor de los Anillos” y se encontró con un complejo industrial militar con mucho cemento y sin árboles.

Las temperaturas que rozaron los 40 grados, las botellas de agua a precios abusivos (4 dólares), la falta de controles en normas de seguridad e higiene, y un porcentaje alto de pibes de fraternidad dispuestos a romper -y romperse- fueron un combo letal.

Ya el segundo día, los servicios de asistencia médica estaban colapsados de chicos deshidratados, nadie se atrevía a usar los baños y el predio hedía por la basura que se había amontonado. Eso, sumado a la efervescencia propia de cualquier recital, fue elevando los niveles de enojo hasta que todo se desmadró.

HBO estrenó el año pasado un documental de casi dos horas sobre Woodstock ’99. La primera gran diferencia es que el de Netflix se enfoca más en la mirada sobre los organizadores: Michael Lang, creador del festival original -murió en enero de este año- y su socio promotor John Scher.

Ellos y varias personas del staff, asistentes, personal de seguridad y de emergencia hablan de la organización previa e intentan justificar “cómo mier. .. pasó esto”, el título del primer capítulo.

Aunque Lang pregonaba que sostenía la filosofía de la marca Woodstock, los hechos demostraron que había otra perspectiva con respecto al encuentro de 1969: la prioridad era ganar plata, sobre todo después del Woodstock de 1994, donde más de la mitad entró gratis. Bandas que no traían precisamente paz

Lee Rosenblatt, de producción, da a entender que ni Lang ni Scher conocían a las bandas que conformaron el line-up, y por ende, desconocían a qué tipo de público estaban convocando.

“La agresividad del público encarnaba a la escena del rock and roll”, cuenta el manager de Limp Bizkit, poniendo sobre la mesa otra las grandes diferencias con el festival original: las bandas principales no tenían la impronta flower power de los ’70, pertenecían a la incipiente escena del nü metal: Korn, Limp Bizkit, Rage Against the Machine, entre otras.

Durante el show de cierre de los Red Hot Chili Peppers todos recuerdan al cantante Anthony Kiedis gritando: “Carajo, esto parece Apocalypse Now”. Enojados por el trato recibido, parte del público había encendido fogatas enormes con basura y madera terciada del muro perimetral que ya habían tirado abajo.

Cuando se terminó, hubo un efecto contagio, y una horda enfurecida saqueó puestos de vendedores, destrozó cajeros automáticos y derribó torres de sonido.

La docuserie no tiene una voz en off que guíe o baje línea: se alimenta del material original de 1999 -además de MTV y videos caseros de asistentes, hubo una transmisión oficial pay per view- y de los testimonios de todas las partes (producción, público, artistas) para que el espectador saque sus propias conclusiones. Organización negligente

Más allá de la edición, que a veces parece echar culpas sobre “un par de inadaptados” y sobre algunos de los artistas -como Fred Durst, líder de Limp Bizkit-, Fiasco total arroja una certeza: la negligencia de los organizadores en cuanto al cuidado, la higiene y la seguridad del público.

“Como promotor, si vas a organizar un evento, tu primera responsabilidad es la seguridad del público. Pero no estaban preparados”, sentencia Jonathan Davis, líder de Korn.

Además de ese final violento que incluyó disturbios con la policía, en los días posteriores, los organizadores recibieron denuncias de abuso sexual de al menos cuatro mujeres. “No hay excusas para que alguien salga lastimado. Las chicas deberían poder divertirse, como los hombres”, opina Davis.

Ni Lang ni Scher asumieron su responsabilidad. “Había idiotas en la multitud. No puedes elegir a quién venderle boletos”, dice el creador de Woodstock al final de la docuserie. Ficha

Add a Comment

Your email address will not be published.