May 21, 2022

Apenas el Titanic había tocado el fondo oceánico, apenas los supervivientes comenzaban a calmar su angustia, aún quedaban cuerpos por identificar y ya se rodaba la primera película con el mítico barco como argumento. Y es que el Titanic es parte de la historia del cine. Desde que se hundió se han rodado al menos catorce películas con el Titanic como estrella, a las que hay que sumar series de televisión, decenas de documentales y hasta una olvidable película porno.

En esta aproximación periodística a la vertiente cinematográfica del naufragio es sólo factible detenerse brevemente sobre algunos de los filmes que parecen más interesantes o más curiosos, sin hacer especial mención por demasiado conocida a la oscarizada Titanic de James Cameron, con DiCaprio y Winslet dando vida al melodrama por el que transcurre su guión.

En un apresurado perfil de las otras películas del Titanic, comenzamos con la primera. Se trata de una cinta que se estrenó a mediados de mayo de 1912, ¡un mes! después del accidente. El filme lo protagonizó Dorothy Gibson, estrella del cine mudo de escaso éxito, superviviente del Titanic que usó para el rodaje la ropa con la que se salvó. Su título: Salvada del Titanic. Se rodó en el buque gemelo Olympic y la protagonista aparecía como una heroína, pese a que la leyenda dice que fue la primera persona que subió a un bote salvavidas. La película fracasó pese a la avidez popular de saber más sobre el Titanic.

Dos meses después se rodó en EE.UU. otro filme y ese mismo año (1912) los alemanes estrenaron In Nacht und Eis (Noche y hielo) con efectos especiales que nos harían sonreír. La cinta estuvo perdida hasta 1998. Poco después, en 1915 también Italia abordó el tema del naufragio con una película hoy desaparecida.

La primera sonora es de 1929, se tituló Atlantic y guarda dos curiosidades. Una, que Alfred Hitchcock hace de extra. La otra, que fue dirigida por dos directores, uno alemán y otro británico, lo que causó que se distribuyeran dos versiones, una alemana y otra británica. Un recuerdo especial lo merece Cavalcade (1933), de Frank Lloyd, que sólo trató de soslayo el naufragio, pero que obtuvo tres Oscar.

En los años cincuenta del siglo pasado se estrenaron dos filmes de gran impacto y con grandes actores. Fueron Titanic, de Jean Negulesco (1953) y A night to remenber (La última noche del Titanic) dirigida por Roy Ward Baker en 1958. La primera, en la que actuaban Barbara Stanwyck y Clifton Webb, narraba historias ficticias, contenía algunos anacronismos pero fue un alarde de efectos especiales que causaron gran impacto. En cambio, la de Roy Ward Baker, que se basa en una reconstrucción minuciosa de lo sucedido efectuada por el escritor Walter Lord, es de un gran realismo: hasta se usaron los planos del barco para reproducir los escenarios y un oficial del transatlántico asesoró la cinta. En esta, un joven Sean Connery aparece fugazmente. En 1997, el cine español también se acercó al mítico naufragio de la mano de Bigas Luna y La camarera del Titanic.

Pero la película sobre el Titanic que acapara la atención periodística es la rodada en 1943 en la Alemania de Hitler, nada menos que por orden de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del régimen nazi. El guión hacía aparecer a los ingleses como un hatajo de cobardes borrachos y a los alemanes que iban a bordo como los héroes que se enfrentan al desastre. Un alemán avisa del iceberg. Pero lo más curioso de esta película es su intrahistoria. Resulta que el filme tuvo dos directores: Herbert Selping y Werner Klingler.

Selping, un alemán que simpatizaba con los británicos, comenzó el rodaje e hizo comentarios sarcásticos sobre la Wehrmacht que enseguida llegaron a oídos de Goebbels. Detenido e interrogado, su disculpa fue insuficiente y fue a parar a prisión. El 1 de agosto de 1942 encontraron a Selping muerto en su celda. Cundió la versión del suicidio, pero un asesinato explicaría mejor lo sucedido. El rodaje lo continuó el director y actor Werner Klingler, que moriría en 1972 en Berlín. Aquel Titanic nazi era una cinta un tanto maldita. Al final Goebbels no permitió su estreno en Alemania para no desmoralizar a la población, sujeta a los bombardeos aliados. En cambio se estrenó en París y en 1950 se exhibió en salas de la derrotada Alemania, pero sólo unos días, debido a la protesta británica. Y en Alemania Oriental (RDA) la proyectaron precisamente para molestar al Reino Unido. Cosas de la incipiente Guerra Fría. El filme no resiste un análisis histórico, pero sus escenas de pánico de gran factura fueron aprovechadas en 1958 en A night to remember.

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