Las Mejores Películas De La Década 2000 – 2010

¿Qué es una lista de mejores películas, y para qué sirve? Por lo general, es un truco corporativo: las empresas dueñas de estudios de cine, son también dueñas de medios de comunicación. Estos medios hacen una lista de las 100 mejores películas de yo no se qué y al estudio “se le ocurre” la genial idea de sacar una edición especial de sus clásicos. Eso hizo la Warner® hace unos añitos.

Por otro lado, una lista es una selección arbitraria, limitada, sesgada y tramposa, por varias razones. En primer lugar, porque es tonto creer que alguien tiene el monopolio de la razón como para determinar que ésta cinta es mejor que ésta otra. En segundo lugar, porque el lugar, el tiempo (sobre todo eso, el tiempo), y hasta el estado de ánimo en el que uno se encuentra influye, de manera decida, sobre la apreciación particular que uno tiene sobre una obra determinada. Tercero, el que quiera decir que “éstas” son las mejores películas de la historia debería, por justicia, haberse visto todas las películas que se han hecho en el mundo, y sobre decir que eso es imposible. Cuarto, porque muchos grupos de “críticos” que elaboran listas lo hacen partiendo de desfasados preceptos intelectuales según los cuales lo popular y entretenido no es “artístico” ergo no es bueno y no merece estar en ninguna lista. Siguen el viejo adagio de los intelectualoides: “si lo entendiste y te entretuvo no es arte.” Y quinto, como decía al principio, muchas de estas listas son meras operaciones mercadotécnicas.

Señalo todo esto para exponer el siguiente fracaso: Desde hace un mes me propuse ir colectando todas las películas que he visto durante lo que va de esta década que se inició en el 2000 y que terminará en el 2010. La idea era recopilar un Top-100 de mejores películas de la década, haciendo el respectivo Top-10 y haciendo también un repaso por las temáticas, búsquedas, logros, limitaciones y grandezas del cine de nuestros tiempos. Además de realizar la necesaria radiografía de los nombres y rostros que marcan al cine contemporáneo. Es decir, para decirlo sin tanta palabrería barata, quería saber el qué, el cómo y el cuando del cine de mi (de)generación.

Una vez que recopilé de mi memoria y con la ayuda de imdb la lista de cintas que he visto en esta década, encontré que del total, unas 416, muchas me parecían sobrevaloradas, a pesar de que cuando las había visto me habían parecido obras maestras. Otras, que me habían parecidos bodrios, ahora me parecían maravillosas. Y así…

La hice sin prejuicios, seleccioné, reseleccioné y volví a seleccionar hasta que me quedé con estas 156 películas, hice un Top-12 (que en realidad es Top-13) y coloqué las otras 143 en orden alfabético ya que me niego a clasificarlas, creo que todas valen por lo menos una mirada. De todas formas al lado de algunas hay un breve comentario.

El criterio para seleccionar ese Top-12(13) fue medio profesional, permitiéndome un capricho personal en la posición duodécima. Cuando digo profesional me refiero a que procuré no seleccionar MIS películas favoritas, sino las películas que creo son un reflejo de la forma como se ha hecho cine en esta década, y las películas que será fundamental consultar en el futuro por parte de quienes les interese saber cuales eran nuestros miedos, nuestras manías, nuestras inquietudes y nuestros problemas por estos tiempos.

Película — Director(es) — Año — País.

1) The Village — M. Night Shyamalan — (2004) — EE.UU.

Probablemente el mejor tratado que se ha filmado acerca de cómo el miedo y la ignorancia son usados para mantener al status quo.

Una villa, a finales del siglo XIX, permanece tranquila y feliz en su vida sin sobresaltos. Guiados por sus líderes espirituales y morales, una especie de comunidad de sabios que se reúne a diario para discutir y aprobar los asuntos de la comunidad. Reprimidos a la hora de expresar su amor. Aislados en su feudo que limita con un bosque en donde viven unas extrañas criaturas a las que llaman “los que no se nombran”.

Dichas criaturas y los habitantes de la villa tiene un pacto de no-agresión: ni los villanos atraviesan el bosque de ellos, ni “los que no se nombran” vienen a perturbar la tranquila vida de los pueblerinos. La vida en la comunidad sería perfecta si no fuera por los ruidos que las criaturas emiten en las noches y qué llevan a que en la comunidad existan puestos de vigilancia y un plan de contingencia preparado en caso de que las criaturas vengan a ¿comérselos? ¿atacarlos? ¿robarlos? ¿secuestrarlos?.

Adicionalmente, la comunidad le da a las criaturas ofrendas de animales para ¿alimentarlos? También eliminaron de su comuna el color rojo (el color prohibido) e impusieron el amarillo como un color de protección.

Tal orden es aceptado por lo habitantes de la aldea, al punto de dejar morir a sus habitantes con tal de no cruzar el bosque para buscar medicinas, como ocurre con el hijo del personaje que interpreta Blendan Glesson.

El problema surge cuando Lucius (Joaquin Phoenix) el tímido y retraído joven hijo de Alice (Sigourney Weaver) una de las líderes de la comunidad es herido por Noah (Adrien Brody), un joven con retardo mental, quién hiere a Lucius en un ataque de celos al saber que Ivy (Brice Dallas Howard), una chica ciega, hija de Edward (William Hurt) el principal líder de los aldeanos y suerte de autoridad no-oficial del pueblo, se casará con él.

La situación médica de Lucius lleva a que Ivy le exija a su padre permiso para atravesar el bosque y buscar los medicamentos que le salven la vida a Lucius. Antes de poder atravesar el bosque, Ivy escuchará de su padre la verdad sobre las criaturas, en uno de los giros más arrechamente originales del cine contemporáneo.

Esto servirá para que Shyamalan nos lleve a reflexionar sobre los mecanismos del miedo a lo desconocido, al progreso, a la alteridad. La película, casi sin que nos demos cuenta, es un tratado sobre la civilización moderna y sus miedos; una película que dice en sus dos horas y media de metraje lo que a sociólogos, politólogos, psicólogos y demás “ologos” les toma meses y meses de razonamiento, debate y escritura.

Cinematográficamente es una joyita. Los movimientos de cámara, la fotografía, los encuadres, la envolvente banda sonora, el ritmo y sus esmeradas actuaciones, casi nada es cuestionable, esta cinta es un admirable ejercicio de oficio cinematográfico.

Sin duda, un prodigio de película. Cuando la vi me fascinó, y mientras más la veo más genial me parece.

M Night Shyamalan, maneja la cámara como nadie. Agarra a actores regulares, por no decir malos, como Mel Gibson, Mark Whalberg, Bruce Willis y John Leguizamo y les saca interpretaciones enormes. Nos manipula, como solo los grandes maestros del cine saben hacerlo. Se burla de nosotros y nosotros dejamos que lo haga, y no me estoy refiriendo a sus finales “sorprendentes”, de lo que hablo es de la capacidad que tiene el señor para meternos en las atmósferas de sus películas, para jugar con nosotros, y finalmente, sorprendernos.

La seleccioné como la número uno, no solo por lo antes dicho, sino porque a la luz de nuestros días sigue siendo la película que más acertadamente expone los mecanismos que mantienen medianamente cohesionada a la sociedad contemporánea. Hace días, mientras veía a la gente con sus tapabocas en el metro, cuando leí la noticia de una comunidad norteamericana que vivía bajo las mismas normas que rigen a los protagonistas de esta película, no podía dejar de considerar lo grande que se está volviendo el señor M Night Shyamalan. ¿O me van a decir que The Happening (2008), su último filme, no es casi lo mismo que estamos viviendo hoy con el virus AH1N1?

2) Mullholand Drive — David Lynch — (2001) — EE.UU.

Hacer una sinopsis de una película de David Lynch es tan inútil como describir la música de Nine Inch Nails. Al igual que Trent Reznor (y que conste que no es arbitraria la comparación si tomamos en cuenta que ambos trabajaron juntos en Lost Highway (1996)), a Lynch no hay que analizarlo, sino entregarse a su juego y dejar de pensar, o por el contrario, pensar un poco más de lo que habitualmente pensaríamos al enfrentarnos a una cinta “normal”.

En el caso de esta maravillosa película la cosa es aceptar, como en Lost Highway (1996), en Blue Velvet (1989) y en Wild at Heart (1991), que Lynch no es un “narrador” como pudiera serlo Alexander Payne, sino un cineasta. Un tipo que toma las herramientas visuales del cine y nos entrega películas sugerentes y a veces abstractas, pero siempre ambiguas, prestas a las múltiples interpretaciones.

Author