‘un Asunto De Familia’ Es La Película Que Deberías Ver Estas Navidades

La nostalgia es oro en manos de Steven Spielberg, y cualquiera que haya vivido en los ochenta gozará como un enano con todas las referencias de Ready Player One. También se puede ver como una muy entretenida película de aventuras retro-futuristas… Hasta ahí todo bien. El problema es que el siempre bienintencionado y humanista Spielberg también hace una parábola sobre la opresión del pueblo a menos de una élite a través de la tecnología, y en lugar de plantear una lucha contra eso, simplemente lo asume. Como si en Los juegos del hambre nadie se rebelara contra el sistema.

26Jurassic Park 2: El reino caído

Entra en la lista porque es un pitote efectista y porque adoramos a J.A. Bayona por encima de todas las cosas. Si te apetece un espectáculo colosal, esta es tu película. Más allá de eso, nos toca rugir: la estructura parece déjà vu de la primera entrega; la segunda parte, incomprensiblemente constreñida a un único escenario random, patina la verosimilitud cada dos escenas; la química de los protagonistas está forzada hasta el extremo; y el meollo naturalista es de un retorcimiento moral más que dudoso.

Para ser sinceros, Bohemian Rhapsody entra en el ranking porque, si te gusta Queen, los números musicales reviven con emoción el espíritu de Freddie Mercury y su banda. Junto a la esmerada mimetización de Rami Malek –aunque la prótesis dental roba demasiada atención–, el conjunto de viodeclips encadenados funciona como un tiro, y eso parece que basta a buena parte del público, ya que está arrasando en taquilla. El problema es que la película intenta blanquear a esta figura mítica de la música y al resto de Queen con una moralina antigua y, por momentos, despreciable. El guión elige no profundizar en la compleja identidad del artista, y es una opción válida, pero lo que no es decente es tirar del terrible y dañino cliché de los gays deshumanizados que se contagiaron de sida por culpa de sus vicios para armar el conflicto del protagonista de una manera masticadita y facilona que no perjudique a la marca Queen. Básicamente, lo que vende la película es que el pobre Freddie luchó por controlar sus impulsos antinaturales pero un puñado de maricas aprovechados lo enviaron al infierno, y menos mal que en sus últimos meses de vida se redimió volviendo al redil de la monogamia, de sus padres amantísimos y de su familia musical-heterosexual. Será por el cabreo que me provocó esa visión retrógrada (una cosa es que la tuviera el personaje y otra muy distinta es que la película la coloree y la defienda), pero después de ver Bohemian Rhapsody, hasta las canciones de Queen me parecen menos especiales. Más que amor por la música, este biopic autorizado destila codicia por los derechos de autor a futuro.

¿Qué es verdad y qué no en Bohemian Rhapsody?

Quizá será un problema de expectativas, pero lo cierto es que pensábamos que Deadpool 2 iba a ser más divertida. La incluimos en lista porque es aire fresco en el género y porque contiene algunos gags gloriosos, pero lo cierto es que la campaña de promoción fue más cañera que la película en sí: funciona muy bien como parodia, pero el grueso de la trama se parece demasiado a la de cualquier entrega random de X-Men.

Tully es claramente una de esas películas cuyo interés radica casi exclusivamente en la interpretación de su protagonista. Si Charlize Theron no estuviera tan devastada y tan carnal en esta historia sobre la depresión postparto, no habría película. Una importante reflexión sobre la identidad de la mujer cuando se convierte en madre que resulta un poco dura de ver (obvio) y con un giro final cuestionable.

A Wes Anderson le cayeron muchas críticas por ‘apropiación cultural’, y probablemente son pertinentes: su visión de este Japón futurista en el que los perros son desterrados en una isla para evitar que contagien enfermedades tiene un punto de deshumanización de los asiáticos. Dicho esto, Isla de perros es otro prodigio estético de uno de los directores imprescindibles del siglo. Eso sí, como pasa con la mayoría de sus películas, muchos espectadores ☝ encontrarán que la historia que se cuenta detrás de tantos colorines es bastante coñazo.

Para ser honestos no es un peliculón, ni tampoco lo pretende. Con amor, Simón es una muy agradable comedia romántica, una clásica historia de amores iniciáticos con su punto millennial y cierta identidad creativa de la mano de su interesante director, Greg Berlanti, pero su fuerza radica en que se puede ver como un hito de la normalización del mal llamado ‘cine gay’ en la industria: es la primera película LGTBI de un gran estudio. En su magnética cotidianidad radica su importancia.

Si la viste en el cine, seguro que no se te ha olvidado la experiencia. Si estás planteándote verla en casa, ya te avisamos que te va a costar, pero merece la pena. La película de John Krasinski (director y protagonista) y Emily Blunt (protagonista y mujer en la vida real de Krasinski) nació ya como un título de culto del género de terror, aunque solo sea por diferente: cuenta la historia de una familia acechada por unos extraños monstruos ciegos que han destruido a casi toda la humanidad y que detectan a sus víctimas a través del sentido oído. Así que la película es prácticamente muda, una angustiosa sucesión de escenas en las que casi te asusta el sonido de tu propia respiración.

Los millones de teorías y de noticias que genera Infinity War están más sobredimensionadas que los poderes de Thanos, pero hay una razón para que este enorme artefacto genere tanta atención: además de la galáctica campaña de marketing, la película supera con nota el reto que supone juntar a tantísimos personajes en una única trama, y consigue darle a cada uno su protagonismo sin robarle personalidad a la vez que monta una estructura comprensible, entretenida y emocionante. Y eso ya es mucho. Aunque los cinéfilos sentirán total indiferencia ante un producto de consumo masivo como este, sí que resulta un gozoso clímax para los devotos de Marvel, que son legión.

Spike Lee ha vuelto. Quizás nunca se ha ido. El cineasta más ácido, reivindicativo y potente del cine americano demuestra que la nueva generación debe seguir teniéndole muy en cuenta con esta asombrosa historia real que ganó el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. Son los años 70 y un policía negro (John David Washington, hijo de Denzel) consigue infiltrarse en el mismísimo Ku Klux Klan. Su rostro en las reuniones en persona será su compañero judío, interpretado por Adam Driver. Humor negro, historia viva y una bofetada furiosa al resurgir del racismo de Donald Trump.

La ópera prima de Isabella Eklöf es una de las películas más perturbadoras del año. Una insoportable (y por suerte breve) escena de violación arranca un relato sobre mafiosos daneses teñido por la aterradora moralidad de las relaciones personales entre un criminal y su ‘Lolita’, con una violencia que palpita por dentro y por fuera de los personajes en el idílico entorno de la Turquía mediterránea.

La película de Alex Garland (Ex Machina) ha tenido una trayectoria tan peculiar como su argumento. En principio iba a ser estrenada en los cines, algo lógico si tenemos en cuenta que está protagonizada por Natalie Portman, pero la productora se echó atrás por diferencias creativas con el director y finalmente encontró su hueco en Netflix. Ese desajuste se nota mucho en la postproducción, que es bastante desastre, pero a cambio nos regala un conflicto trascendental resuelto con bastante alma. El equipo de científicas, en plan Cazafantasmas, entronca con el imprescindible giro feminista de la industria.

El juego de capas que propone esta película puede echar para atrás a muchos espectadores, pero quienes entran se pueden encontrar una de los retratos más potentes de la Europa actual. El director Christian Petzold coge una historia de un superviviente de un campo nazi y la coloca sobre la Marsella de hoy día. El resultado es un vínculo muy pertinente entre aquellos fangos y estos lodos.